Ver ejemplo

Ignacio Merino Esteban

(1933-2018)

Un anciano definitiva

Te has ido tan discretamente como has vivido, con sencillez y con la dignidad que te caracterizaba. 

Supiste jugar las cartas que te habían tocado en suerte con tesón y empeño, con una voluntad inquebrantable. Sabías leer entre líneas nuestros pensamientos, respetar nuestros espacios, obviar nuestras ofensas, interpretar nuestros enfados. Solías evitar confrontaciones inmediatas sin dar lugar a reacciones viscerales, para posteriormente sacar el tema a colación y darnos la oportunidad de observarlo más objetivamente, con más calma.

Eras una persona reflexiva y consecuente, sin embargo también sabías ser espontáneo y divertido con tus amigos y especialmente con tus nietos a quienes quisiste mucho, viviendo sus logros como propios y con asertividad sus fracasos. Les dedicaste el tiempo y la paciencia que necesitaban y fuiste feliz haciéndolo. ¡Cuántas veces nos hablan de lo bien que cocinabas! 
Les inculcaste unos valores que solamente una persona que ha vivido situaciones muy diversas, algunos desengaños y que ha llevado a cabo muchos proyectos, acumula. Con una sabiduría exenta de títulos y diplomas que denominamos experiencia vital.

Eras una buena persona, que es algo que la mayoría de nosotros aspiramos a ser. Te vas, pero no del todo, porque como dice el dicho: la estela de un ser querido permanece viva si se le recuerda. Y yo voy a aprender a vivir con tu recuerdo. 
Tuve el privilegio de mantener tu mano en el gran traspaso y de transmitirte todo mi afecto y reconocimiento. Y estoy casi seguro que presentiste mis pensamientos «ve tranquilo, papá, todo está bien. Has hecho una buena labor».
 
 
Te quieren,

Tus hijos Juan y Pablo y tu esposa Marisa
Un anciano definitiva

Te has ido tan discretamente como has vivido, con sencillez y con la dignidad que te caracterizaba. 

Supiste jugar las cartas que te habían tocado en suerte con tesón y empeño, con una voluntad inquebrantable. Sabías leer entre líneas nuestros pensamientos, respetar nuestros espacios, obviar nuestras ofensas, interpretar nuestros enfados. Solías evitar confrontaciones inmediatas sin dar lugar a reacciones viscerales, para posteriormente sacar el tema a colación y darnos la oportunidad de observarlo más objetivamente, con más calma.

Eras una persona reflexiva y consecuente, sin embargo también sabías ser espontáneo y divertido con tus amigos y especialmente con tus nietos a quienes quisiste mucho, viviendo sus logros como propios y con asertividad sus fracasos. Les dedicaste el tiempo y la paciencia que necesitaban y fuiste feliz haciéndolo. ¡Cuántas veces nos hablan de lo bien que cocinabas! 
Les inculcaste unos valores que solamente una persona que ha vivido situaciones muy diversas, algunos desengaños y que ha llevado a cabo muchos proyectos, acumula. Con una sabiduría exenta de títulos y diplomas que denominamos experiencia vital.

Eras una buena persona, que es algo que la mayoría de nosotros aspiramos a ser. Te vas, pero no del todo, porque como dice el dicho: la estela de un ser querido permanece viva si se le recuerda. Y yo voy a aprender a vivir con tu recuerdo. 
Tuve el privilegio de mantener tu mano en el gran traspaso y de transmitirte todo mi afecto y reconocimiento. Y estoy casi seguro que presentiste mis pensamientos «ve tranquilo, papá, todo está bien. Has hecho una buena labor».
 
 
Te quieren,

Tus hijos Juan y Pablo y tu esposa Marisa

COMPRAR


VOLVER